Hemos vuelto a Francia...

Esta vez buscabamos un lugar con MILAGRO. Alli encontramos un lugar que ya conociamos pero no habiamos estado en su inyterior...

Asi es como Oberon Misteria accede a una Capilla en la Gruta de las Gorgues de Galamus.

Nos acercamos a un lugar con una belleza increible, alli anclada en mitad de un precipicio, la gente acude para dar las gracias por la ayuda prestada por las Virgenes y el Santo que residen en la gruta...Olor a Incienso y Santidad, Ofrendas de diversos tipos cubren sus paredes, Gentes de divdersos lugares guardan silencia y toman reposo mientras contemplan atonitos lo maravilloso del ser humano...

Esta vez, para todos vosotros...

LA CUEVA DE LOS CREYENTES

 

En 1840 el P. Francisco Palau fue exiliado a Francia, debido a las revueltas políticas que se vivían en España.

Desvinculados tanto de los «refugiados españoles» como de los «refugiados carlistas», el P.Palau junto a su H. Juan llegaron a Perpignan el día 23 de julio, presentándose inmediatamente a la autoridad eclesiástica diocesana, cuyo obispo era Juan-Francisco de Sahunac-Belcastel.

 

Al día siguiente, 24, al P. Palau se le concedían licencias para celebrar, «per transitum», lo cual indica que no tenía bien decidido ,el lugar de permanencia definitiva en Francia. Unas licencias transitorias a la espera de encontrar una residecia fija.

Llegados a Perpignan, tuvieron que presentarse también a solicitar el permiso de residencia en un lugar determinado, conforme a las leyes francesas de domicilio, que afectaban a los ciudadanos extranjeros. De momento escogieron la misma ciudad de Perpignan. La síntesis de su petición para residir en la mencionada ciudad francesa se encuentra en una nota escueta, en la que se dice solamente que piden permiso para establecerse en Perpignan. Esta nota consta de tres nombres: Juan Colomer, que trabajaba de enfermero junto a las hermanas carmelitas de la M. Vedruna; el P. Palau, de quien se indica que celebraba la misa de comunidad en el convento de monjas de Santa Clara; y su hermano Juan, al que se indica como sirviente de un. innominado eclesiástico, que, como es natural, había de ser el P. Palau.  Para los tres vale el recordatorio categórico de que ni han recibido ni reciben ninguna clase de subvención económica gubernamental francesa.



           Entre los años 1840-1842 lo encontramos ubicado en la diócesis de Perpignan, allí alterna su actividad apostólica y la soledad contemplativa en la gruta de Galamus.

 

            Una cueva natural sirve de capilla al antiguo eremitorio de San Antonio de Galamus, cuyo paisaje, por su belleza y grandiosidad es conocido con el nombre de “Les Gorges de   Galamus”.

 

              A mediados de mayo el 21 de 1841, el P.Palau con su hermano Juan está en la pequeña población  de Lesquerde,  situada en el cantón de Saint Paul de Fenouillet, de unos 165 habitantes y a unos 20 Km. de Perpignan.

 

            Celebraba la Eucaristía en el convento de Santa Clara. En este tiempo su plan de vida, como lo deja consignado Francisco, consistía en: 5 horas de oración repartidas, ayuno a pan y agua, y 6 horas de sueño repartidas. En el convento de religiosas, donde celebraba la misa el P. Palau, se encontraba una cuyo nombre aparecerá con frecuencia durante la estancia del Padre en tierras francesas. Se llamaba la citada religiosa de Santa Clara, Teresa Christia.



Un acontecimiento relatado por el P.Palau

que puede haber sucedido en este tiempo y lugar.

 

En la primera parte de “Mis Relaciones”, narra un hecho que, por haber ocultado cuidadosamente la geografía y la cronología, es de difícil ubicación. Se ha intentado colocarlo en el tiempo y lugar de su residencia en la pequeña localidad francesa de Lesquerde, cercana a Perpignan. El lo narra del siguiente modo:

 

“Estando otra vez perseguido de muerte por causa de la religión, me hallaba entre los asesinos y, sin un milagro, yo no podía escapar de sus manos carnívoras y manchadas con la sangre de los ministros del altar. Yo estaba en un bosque, escondido dentro de una cueva; y sabiendo estaba yo allí, entraron, yo creo eran tres, quedando los demás afuera.

 

           En aquella ocasión era para mí la muerte mi ventura y mi gloria, porque los deseos que tenía de ver cara a cara y sin velos a mi Señora, me atormentaban de un modo intolerable. Al entrar dentro de la cueva los asesinos, por orden de su jefe, que estaba afuera, yo me retiré a un rincón que estaba algo oscuro; me arrodillé, preparándome y esperando mi última hora tan deseada; tenía en mis manos el lignum crucis e iba vestido de religioso. Al entrar los facinerosos y sacrílegos, vi delante de ellos a mi Señora, que entró primero; traía el mismo velo, muy fino y blanco, como el candor de la luz; se me puso al lado izquierdo, de pie, levantó sus ojos y me miró. La acompañaban dos jóvenes: uno de ellos era el príncipe de la Iglesia, el arcángel San Miguel. Y, dirigiéndose a éste la Esposa de Jesús, oí, distinta y claramente, estas palabras: "Quita de ahí esos sacrílegos". Volvióme a mirar y se sonrió, pero nada me dijo; y estuvo allí media hora con los asesinos, hasta que se fueron.

 

         Yo estaba seguro con tan buena compañía y, de oírla hablar y de haberla visto sus ojos abiertos, estaba yo tan enajenado, que me creía en el cielo. Yo tenía tantos deseos de hablarla, que, no podía contenerme; pero no podía. Dejemos tan buena compañera. Aquellos pobres hombres me buscaban y nada hallaban; y sabían estaba dentro, porque les había conducido allí mi mismo confidente, que me había vendido. El jefe prometía cuatro duros a cada uno si me sacaban de allí muerto o vivo; encendieron luz, y por fin se fueron. Y rabiosas aquellas fieras porque se les había escapado su presa, fusilaron a los dueños de dos casas, vecinas al monte, por sospechas de si me ocultaban” (MR VI)



A mediados de mayo (21 de 1841) le encontramos, juntamente con su hermano Juan, avecindado en la pequeña población de Lesquerde, situada en el cantón de Saint Paul de Fenouillet, de unos 165 habitantes y a unos 20 Km. de Perpignan, habitando en la casa nº 10, propiedad del matrimonio Jean Palau y Gabrielle Matheu, sin que la igualdad de apellidos signifique grado de parentesco entre ambos. Esta residencia oficial la simultaneaba con otra especial, viviendo en una gruta eremitorio, situado en la montaña de Galamus. Una cueva natural sirve de capilla al antiguo eremitorio de San Antonio de Galamus, cuyo paisaje, por su belleza y grandiosidad -hoy centro turístico- es conocido 'con el nombre de «Les Gorges de Galamus».

        

          Esta morada del P. Palau en dicha cueva ha sido considerada como un ensayo para reencontrarse con el espíritu y la práctica de su vocación carmelitana. Observando cómo se pasaba el tiempo y, con él, las esperanzas de un pronto y pacífico retorno a España se alejaban cada vez más, y que, aun en el caso de un hipotético regreso en libertad, no había de tenerla para poner en práctica su estilo de vida eremítica, no resulta temerario pensar en un proyectado designio de orientar su vida real conforme a su ideario espiritual.